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Hungría Economía - Historia

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HUNGRÍA

Presupuesto: Ingresos ............... $ 11,2 mil millones
Gasto ... $ 13,2 mil millones

Cultivos principales: trigo, maíz, semillas de girasol, patatas, remolacha azucarera; porcinos, bovinos, aves de corral, productos lácteos

Recursos naturales: bauxita, carbón, gas natural, suelos fértiles

Industrias principales: minería, metalurgia, materiales de construcción, alimentos procesados, textiles, productos químicos (especialmente productos farmacéuticos), vehículos de motor
PNB NACIONAL


Hungría y la hiperinflación n. ° 8217: el peor caso de inflación en la historia

La situación económica en Venezuela hoy es deprimente. La tasa de inflación anual se está descontrolando y millones de venezolanos están luchando para pagar incluso artículos básicos como alimentos y artículos de tocador. Los precios se duplican cada mes, y si hay que creer a los economistas, la tasa de inflación tocará el 1 millón por ciento a fines de este año.

La última vez que ocurrió una hiperinflación de tal escala fue en Zimbabwe entre las décadas de 1990 y 2000, cuando el gobierno imprimió billetes de 100 billones de dólares en un vano intento de hacer que llevar dinero en efectivo fuera conveniente. Ese billete valía entonces unos 30 dólares.

Pero la hiperinflación de Zimbabwe fue solo la segunda peor de la historia. Los húngaros sufrieron lo peor entre 1945 y 1946, cuando la tasa de inflación diaria superaba el 200 por ciento. En comparación con la inflación en Zimbabwe y Hungría, el desastre de la economía de Venezuela parece muy amateur.

Hungría obtuvo su primera moneda después de la disolución del Imperio Austro-Húngaro al final de la Primera Guerra Mundial. Se llamaba kronoa, pero al ser un nuevo gobierno sin una economía real que respaldara la moneda, el valor de la kronoa se salió de control rápidamente. Para detener la inflación, el gobierno decidió eliminar la corona e introdujo el pengő en 1927. El pengő estaba vinculado al patrón oro y, al principio, era una de las monedas más estables del mundo. Llevó a Hungría a través de la gran depresión económica de la década de 1930, y luego durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial, hasta 1944, cuando las tropas de Hitler entraron en el Reino. La guerra que siguió, entre las fuerzas alemanas y soviéticas, devastó económicamente al país y el valor del pengő se desplomó.

Un billete de 500.000 coronas emitido en 1923.

Cuando terminó la guerra y pengő no se recuperó, el gobierno decidió imprimir dinero e inundar el país con billetes de banco, porque si el gobierno no podía arrestar a pengő y # 8217 caen, al menos podrían asegurarse de que la gente tuviera suficiente dinero en su bolsillo. manos. Todos conocemos la falacia de ese argumento, y solo llevó a la economía de Hungría al borde del abismo.

Los precios se dispararon por las nubes y alcanzaron la estratosfera, como señala Business Insider:

Algo que costó 379 Pengö en septiembre de 1945, 72,330 Pengö en enero de 1945, 453,886 Pengö en febrero, 1,872,910 en marzo, 35,790,276 Pengö en abril, 11,267 mil millones de Pengö al 31 de mayo, 862 mil millones de Pengö al 15 de junio, 954 billones de Pengö al 30 de junio , 3 billones de billones de Pengö para el 7 de julio, 11 billones de billones de Pengö para el 15 de julio y 1 billón de billones de Pengö para el 22 de julio de 1946.

En su punto máximo, los precios se duplicaban cada 15 horas.

En 1927, cuando se introdujo el pengő, había 5,26 pengö por dólar estadounidense. Al comienzo de la inflación, en junio de 1944, el pengő había caído a 33 frente a un dólar estadounidense. Entonces, el pengő colapsó. Continuó cayendo a un ritmo fantástico hasta que en junio de 1946 hubo 460 billones de billones de pengő por dólar estadounidense.

Un billete de 100 millones de Bilpengö emitido durante la hiperinflación húngara de 1946.

Para hacer frente a la caída del valor del pengő & # 8217, el gobierno siguió introduciendo nuevas monedas con cada denominación creciente. El Pengö fue reemplazado por el Mpengö (o 1 Million Pengö) que a su vez fue reemplazado por el Bpengö (o 1 Billion Pengö) que fue reemplazado por el Adopengö indexado a la inflación. Las notas tenían el mismo diseño pero estaban coloreadas de manera diferente. ¡Las imágenes de las notas de arriba son 100 millones de Bpengö o uno seguido de veinte ceros! Era la denominación más alta que circulaba, pero la inflación era tan mala que solo valía unos veinte centavos de dólar.

Se imprimió una denominación aún más alta (en la foto de abajo) pero no se distribuyó. Tenía un valor nominal de mil millones de bpengö o un millar de bilpengö.

Para darle una idea de cuánto dinero se estaba imprimiendo, considere el hecho de que en julio de 1945, la circulación de divisas era de 25 mil millones. Esto aumentó a 1.646 billones en enero de 1946, a 65 millones de billones en mayo de 1946 ya 47 billones de billones en julio de 1946. Hacia el final, el gobierno se quedó sin papel de buena calidad para imprimir billetes de banco.

Finalmente, en agosto de 1946, el gobierno abandonó el pengő por completo y decidió empezar de cero. Se introdujo una nueva moneda, el forint, a razón de un forint por cada 400.000 billones de pengő & # 8212, es decir, un 4 seguido de 29 ceros. Afortunadamente, la situación económica del país se estabilizó y el forint sobrevivió hasta la década de 1990, cuando la transición a una economía de mercado afectó negativamente el valor del forint.

Hungría todavía usa forint, pero el plan es hacer la transición al euro para 2020.


Hungría y la Unión Europea 1989-2014: ¿una historia de éxito?

Durante muchos años, Hungría pareció ser el alumno modelo entre los países candidatos a la UE. Fue el único país del Bloque del Este que logró la transformación política a través de un proceso evolutivo, aunque con el antiguo partido comunista jugando el papel más importante. Los acontecimientos domésticos de los últimos años son evidencia de un panorama radicalmente diferente. Las dudas sobre la integración de la UE ya no pueden ignorarse en la política húngara.

Durante muchos años, Hungría pareció ser el alumno modelo entre los países candidatos a la UE. Fue el único país del Bloque del Este que logró la transformación política a través de un proceso evolutivo, aunque con el antiguo partido comunista jugando el papel más importante. Los líderes del Partido Socialista de Trabajadores y Campesinos de Hungría (USAP) fueron percibidos en Europa Occidental como partidarios convencidos de la integración europea (que lo eran, pero solo después de 1988). Durante muchos años, Hungría atrajo la mayor parte de la inversión extranjera directa y su sistema político parecía estable. La población estaba claramente a favor de la adhesión a la UE, con un 83% de votos a favor en 2003. Por lo tanto, Europa Occidental asumió que el camino hacia la democracia tanto en Hungría como en la República Checa sería más rápido y menos doloroso que en otros estados. Se pensó que habría un camino recto que conduciría del socialismo de Estado a una economía de mercado liberal. Desde esta perspectiva, cualquier divergencia con las normas de Europa occidental parecía ser un simple problema inicial y nadie se dio cuenta de que se trataba de signos de problemas estructurales profundamente arraigados.

Los acontecimientos domésticos de los últimos años son evidencia de un panorama radicalmente diferente. Las dudas sobre la integración de la UE ya no pueden ignorarse en la política húngara. Los votos para los partidos políticos que apoyaban la economía de mercado han disminuido continuamente desde 1990. ¡Desde 2010, estos partidos ya no están representados en el parlamento húngaro! El partido de extrema derecha Jobbik exige abiertamente que Hungría abandone la UE e incluso el primer ministro Viktor Orban (FIDESZ) ha sido cada vez más crítico con las instituciones de la UE. En política interna, compara con frecuencia a la UE con COMECON, el Consejo de Coordinación Económica de la era soviética que se desarrolló entre 1949 y 1991. En un importante discurso el 19 de julio, dijo abiertamente que era hora de acabar con los principios de un estado liberal. : el papel del gobierno debe ser crear un estado antiliberal, basado en principios nacionales y proporcionar el marco necesario para la creación de empleo. No es de extrañar que las relaciones políticas y económicas entre Hungría y Rusia se estén fortaleciendo; Rusia incluso está planeando construir una nueva planta de energía nuclear y financiar el proyecto.

Estos desarrollos son preocupantes pero de nada sirve condenarlos sin antes hacer un esfuerzo por comprenderlos. Si adoptamos un enfoque más filosófico y usamos el ejemplo de cómo hoy en día se demuestra una mayor comprensión cuando las sociedades primitivas buscan defender su forma de vida tradicional contra las invasiones de la "civilización", incluso cuando esto mejoraría teóricamente su nivel de vida. El movimiento ambientalista también se opone de manera decidida a los desarrollos técnicos. Por el contrario, hay mucha menos simpatía por quienes responden a las cuestiones políticas de manera atávica o fundamentalista, incluso cuando no responden a sus propios intereses privados, sino contra los desarrollos modernos que parecen estar a punto de destruir su forma de vida anterior. Por otro lado, debe enfatizarse que la recesión económica en Hungría fue en parte responsabilidad precisamente de aquellas personas que exigieron soluciones atávicas en lugar de fomentar un enfoque de economía de mercado. Esta reacción está fuertemente relacionada con las raíces reaccionarias del pensamiento político en Hungría.

El creciente fracaso del sistema liberal de Hungría tiene muchas causas. Sin embargo, es importante tener en cuenta la responsabilidad que tiene el gobierno actual. Muchos comentaristas están de acuerdo en que la dirección de FIDESZ (1) está libre de ideología; solo hacen uso de la ideología si aporta una ventaja electoral. Balint Magyar, editor de una importante serie de libros sobre el "estado mafioso poscomunista" y muchos de sus coautores comparten esta opinión. En este artículo, intento demostrar por qué el sentimiento anti-UE, el anti-capitalismo y el regreso al todavía "glorioso pasado inmaculado" no son simplemente adoctrinamiento de FIDESZ. Por el contrario, estas actitudes están profundamente arraigadas en partes del electorado húngaro.

Las interpretaciones occidentales, y también muchas húngaras, veían la pertenencia a la UE como sinónimo de desarrollo moderno y positivo. Apenas se reconocieron los efectos negativos de la modernización. Es aquí donde las percepciones occidentales y húngaras difieren enormemente. En Hungría, los últimos 22 años han contribuido en gran medida a la idea de que la modernidad es responsable de desarrollos dañinos. Los responsables de este daño son, naturalmente, aquellos que apoyan y se benefician de la modernización: es decir, para la política interna del gobierno son los bancos privados, la Unión Europea y sus instituciones y las organizaciones financieras internacionales, la versión de núcleo duro señala con el dedo a los 'extranjeros', los judíos y 'liberales'. Estas actitudes son delirantes pero eso no quiere decir que carezcan de racionalidad.

La economía

La transformación política de Hungría tuvo implicaciones económicas muy diferentes en todo el país. En Europa occidental se observaron dos grandes fenómenos: el muy rápido proceso de privatización económica, en parte a través de inversores occidentales, y las acciones emprendidas para hacer frente a la recesión provocada por esta reestructuración que se consideró transitoria. Ambos fenómenos se consideraron muy importantes ya que, en diez años, la participación del sector estatal en el PIB cayó del 80% al 30%. En 1998, el 70% del PIB procedía del sector privado, del cual el 49% estaba controlado a nivel nacional y el 21% era de propiedad extranjera. En comparación con todos los demás países del bloque del Este, Hungría tenía la mayor inversión extranjera directa per cápita e incluso en cifras absolutas solo fue superada por Polonia, un país con tres veces la población.

Las estadísticas asociadas con la "recesión de la recesión" son formidables, pero de ninguna manera transmiten la naturaleza de la crisis social resultante y nunca se han apreciado plenamente en Europa occidental. En menos de cinco años la producción industrial se hundió un 32%, la producción agrícola cayó un 35% y el PIB un 18%. Para demostrar cuán altas son estas cifras, la producción industrial de Hungría cayó solo un 20% a raíz de la crisis de 1929 y la crisis económica mundial resultante. El desempleo pasó del 0,3% en 1989 al 13,2% en 1993, descendiendo al 6% entre 2000 y 2004 antes de volver a subir al 11-12% en 2008. En pocos años, los salarios reales cayeron un 25% y las pensiones perdieron el 30% de sus ingresos. poder adquisitivo.

Se pueden observar estadísticas similares en otros países ex Pacto de Varsovia, pero en Hungría este proceso de reestructuración se vio agravado por una serie de factores, el principal fue que sus efectos se distribuyeron de manera desigual en todo el país: la capital y la parte noroccidental de el país pudo aprovechar el auge económico y forjar buenos vínculos con Europa occidental, mientras que otras regiones se quedaron atrás. Desde la adhesión a la UE, cuatro de las siete regiones húngaras (sur de Transdanubis, norte de Hungría, sur y norte de las Grandes Llanuras) se encuentran entre las más pobres de las 271 regiones de la UE. De hecho, más de la mitad de Hungría se encuentra en el "centro de trabajo de la UE".

Es importante destacar que esta recesión de reestructuración se percibió como mucho mayor en Hungría que en Polonia o la antigua RDA. El mejor ejemplo es el declive del sector agrícola. La agricultura representó en promedio un 3-5% del PIB, pero debido a su estrecha asociación con el comercio, el público siempre percibió a las industrias química y alimentaria como considerablemente más importantes.

Entre 1867 y 1990, la agricultura húngara, junto con la industria alimentaria, fue uno de los principales actores económicos. Desempeñó un papel importante en la conciencia de la nación, ya que los magiares se acicalaban como proveedores del granero de Europa. Las industrias harineras, azucareras y cárnicas húngaras fueron líderes europeos hasta 1945 e incluso durante el período comunista pudieron mantener estos cargos en muchas áreas. Sin embargo, desde 1990, esta posición ha cambiado drásticamente. Actualmente, la agricultura húngara produce una media de 1400 euros por hectárea, mientras que los Países Bajos producen 12 000 euros por hectárea, unas nueve veces más. Antes de 1989, esta diferencia no era tan grande con los húngaros que producían un valor por hectárea que era la mitad del de los Países Bajos.

La recesión es visible en todas las áreas de la agricultura. Antes de 1990, la producción de trigo húngara era, por término medio, aproximadamente la misma que la media de la UE, pero ahora es unas 2,13 toneladas menos.

Aún más grave es el colapso de la industria cárnica. La cría de animales requiere mucha mano de obra y hasta 1990 proporcionaba puestos de trabajo a un gran número de trabajadores no cualificados. Desde 1990, el número de animales en cautiverio ha caído entre un 30% y un 70% como resultado directo de los niveles críticos de desempleo en las zonas rurales. Un resultado indirecto fue que muchos asumieron que su existencia estaba amenazada cuando vieron a quienes realmente estaban amenazados. Estos miedos existenciales tienen dos causas: una, el hecho de que con el desempleo masivo surgen serios problemas sociales y culturales (esto se ve más claramente en la falta de integración de los gitanos) y la segunda, con la desaparición del entorno familiar hay un sentimiento de inseguridad. y miedo.

Ver Cuadro 1

Actualmente, Hungría es un importador neto de carne y productos lácteos. Incluso se importan grandes cantidades de cerdos vivos de Alemania: 228 064 en 2009 y 281215 en 2010.

En lugar de utilizar la revolución económica como vehículo de modernización, los políticos húngaros respondieron a la recesión con argumentos de aficionados y anticapitalistas. Un ejemplo de esto fue la afirmación del partido de los pequeños agricultores de que si se restauraban las antiguas explotaciones agrícolas estatales, se permitiría una reducción del 50% en los precios minoristas de los alimentos. La sola idea de que los pequeños propietarios que trabajaban pequeñas parcelas de tierra sin máquinas pudieran lograr una producción rentable era una ilusión. La destrucción de las granjas colectivas acompañó a la pérdida total de toda su planta y equipo. Tan importante fue la pérdida de conocimientos técnicos, ya que las nuevas unidades más pequeñas no podían permitirse emplear a expertos agrícolas o veterinarios. Unos tres millones de personas habían recuperado su tierra en 1998. La mayoría de ellos no podía hacer nada con su tierra y la vendió rápidamente o la dejó en barbecho. Como la población rural era la más descuidada socialmente, crearon el estatus de "productores agrícolas tradicionales" en 1997. A este grupo se le permitió vender 2000 euros de productos de sus propias explotaciones libres de impuestos para proporcionarles un "dinero de bolsillo" fijo. Para obtener un ingreso adecuado, se requeriría más tierra y una forma de trabajo más profesional. Originalmente, unas 720 000 personas recibieron este estatus y aún hoy en día todavía hay alrededor de 340 000. Contando a los miembros de la familia, ciertamente hay más de un millón de personas involucradas en el programa. Sus productos no se someten a ningún sistema de control de calidad, en contraste con las estrictas medidas vigentes para los pequeños productores orgánicos alemanes a tiempo parcial, incluso cuando no pagan impuestos. Las cifras demuestran que la condición de "productor agrícola tradicional" en Hungría es claramente más significativa que la de los alemanes que venden de vez en cuando diez kilos de hortalizas en el mercado de agricultores semanal. En 2010, sin embargo, solo 27 000 de este grupo pagaron impuestos por valor de 27,6 millones de euros. El resultado de este sistema es una economía ilícita en su mayor parte que involucra productos cárnicos y unos medios de producción descontrolados, obsoletos y no competitivos.

Al igual que en otros nuevos Estados miembros de la UE, a principios de la década de 1990 también existía en Hungría un sentimiento de ansiedad de que la pertenencia a la Unión significaría que `` sus tierras serían compradas por inversores extranjeros '' y estos sentimientos fueron aprovechados por los partidos políticos de tanto a la derecha como a la extrema derecha. Aquellos que habían advertido previamente que la agricultura húngara no sobreviviría sin una inversión adecuada fueron criticados como traidores a la nación y el Partido Socialista no se atrevió a montar una ofensiva contra esta demagogia. Un síntoma de este alboroto económico fue la ley que prohibió la venta de tierras a extranjeros. (2) Incluso a los empresarios no se les permite poseer tierras, solo pueden arrendar. Un individuo solo puede poseer un máximo de 300 hectáreas y utilizar entre 1200 y 1800 hectáreas. Como el terrateniente más importante es el estado, el resultado de esta ley es que la agricultura es totalmente dependiente de un sistema que distribuye la tierra de manera feudal a los amigos políticos.

Pero no es solo el gobierno húngaro el culpable de una mala toma de decisiones económicas. Parte de estas medidas contraproducentes se puede poner en la puerta de la UE con un ejemplo clásico de esto es el cierre de fábricas de azúcar. Originalmente había 12 fábricas de azúcar en Hungría y la industria disfrutó de un pasado glorioso. Hoy en día, solo hay una fábrica de azúcar húngara que no abastece más del 30% de las necesidades del país. En el pasado había alrededor de 120 000 hectáreas dedicadas a la remolacha azucarera, pero en la actualidad sólo hay 10 000 hectáreas. La UE dictó sentencia de muerte a la industria azucarera cuando, ante una sobreproducción de azúcar, anunció una compensación a los productores que renunciaron a su cuota. El gobierno húngaro y los productores individuales de azúcar aceptaron esta oferta con entusiasmo ya que había fondos generosos disponibles y de esta manera el país perdió el 75% de su cuota anterior y en 2008 vio la desaparición de once de sus fábricas de azúcar. Los lugareños que habían trabajado en estas fábricas de repente se encontraron sin trabajo y recibieron poca compensación. Las autoridades locales también perdieron los impuestos que habían pagado estas fábricas. La explosión de los precios del azúcar después de 2011 se burló de las "ventajas" del cierre de fábricas. Hoy, Hungría importa el 70% de su azúcar. Por tanto, el húngaro medio ha llegado a la conclusión de que la economía de libre mercado es simplemente un instrumento de los fuertes para someter a los débiles. Se ha prestado poca atención a la complejidad del proceso y la responsabilidad del gobierno húngaro.

En los primeros diez años después de 1990, la escena política húngara parecía estar bien equilibrada. Los partidos conservador y social liberal fueron igualmente fuertes con un cambio de gobierno en cada elección. Este equilibrio político era, sin embargo, una especie de fachada. Ocultaba el hecho de que la economía de libre mercado era cada vez más impopular, mientras que, por el contrario, todos los partidos políticos favorecían al socialismo de Estado, ya fuera de forma abierta o encubierta.

Este cambio político se puede medir mejor en los resultados del partido SZDSZ (Alianza de Demócratas Libres), el único partido de economía de mercado real. En 1990, el SZDSZ era el segundo partido más grande con el 21,4% del voto popular en la primera elección. En 1994, recibió sólo el 19,7% de los votos a pesar de que la mayoría de la población estaba insatisfecha con el gobierno. Fueron los socialistas quienes sacaron provecho de esta situación obteniendo el 31% del voto popular y el 54% de los escaños. La participación de SZDSZ en los votos siguió disminuyendo: al 7,9% en 1998, al 5,5% en 2002, una ligera recuperación al 6,3% en 2006. En 2010 ya no estaban representados. Los nuevos partidos eran de extrema derecha (MIEP, Jobbik) o, como supuestamente, los partidos verdes tenían una orientación más estatal-socialista en el mejor sentido de la palabra (LMP, el partido "La política puede ser diferente").

Sería útil recordar aquí la historia del actual partido gobernante FIDESZ, originalmente un partido ultraliberal, a menudo referido en forma burlona como la organización juvenil del SZDSZ. A medida que colapsaba la coalición conservadora de MDF (Foro Democrático Húngaro), los demócratas cristianos y los pequeños propietarios, FIDESZ, desde el principio liderado por Viktor Orban, dio un giro radical afirmando representar valores "cívicos". FIDESZ reconoció inteligentemente que no todo el espectro de la política conservadora estaba adecuadamente cubierto y desde 1995 trabajó para unir a todos los grupos políticos de derecha utilizando el lema "un campo y una bandera". En 2006, habían logrado más o menos este objetivo. Después de 2006, los partidos de extrema derecha se hicieron cada vez más populares. El partido Jobbik, fundado en 2003, se convirtió en un competidor cada vez más peligroso y los dos partidos son ahora el mayor oponente del otro. Vale la pena mencionar que muchas de las principales figuras de Jobbik fueron anteriormente activistas de FIDESZ. El líder del partido, Gabor Vona, fue anteriormente miembro del mismo "grupo cívico" que Viktor Orban. (3) Algunos de los mensajes de Jobbik podrían, con la conciencia tranquila, describirse como propaganda abiertamente fascista, pero no fue esto ni los arrebatos antisemitas del partido los responsables de su desempeño electoral relativamente bueno. Jobbik fue particularmente exitoso en aquellos distritos donde la mayoría del electorado era rural, pobre y socialmente marginado. Para estas personas, eslóganes como "capital financiero judío" son, a lo sumo, un mensaje anticapitalista. Desafortunadamente, esto no se entendió completamente en los artículos de advertencia de los medios occidentales. El peligro de Jobbik radica menos en su espantoso antisemitismo que en su reaccionaria hostilidad anti-occidental y anti-capitalista. En Budapest, Jobbik solo logró el 10,8%, pero en algunas partes del este de Hungría el partido obtuvo el 30% y más, aunque esto no fue el resultado de su retórica antisemita. El éxito electoral de Jobbik fue una reacción a la disfuncional economía de mercado del país y al hecho de que todos los gobiernos anteriores no habían abordado los problemas sociales y culturales de las zonas empobrecidas.

En el contexto de una Encuesta sobre el valor mundial, TARKI (4) llevó a cabo una investigación sobre las actitudes económicas y culturales en Hungría. Desde 1981, Ronald Inglehart ha llevado a cabo cinco extensos estudios adicionales que demuestran que los asombrosos resultados obtenidos por TARKI de ninguna manera pueden interpretarse como un accidente. Definitivamente no son "simplemente" el resultado de los últimos años. En lo que respecta a la confianza, la tolerancia y el uso de las instituciones democráticas, los húngaros están al borde de la cultura cristiana occidental. Sus preferencias están mucho más cerca de los valores ortodoxos. En cuanto a su mentalidad, los húngaros, los rumanos están mucho más cerca de Ucrania o Rusia que Eslovenia o los países de Europa occidental. Dentro de la UE, la confianza en las instituciones es más baja en Hungría. Alrededor del 42% de los encuestados consideraba "normal" la evasión fiscal. Dentro de la UE, la gran mayoría que estuvo de acuerdo con esa afirmación de que no eran las habilidades de un individuo lo que era clave para el éxito personal, sino el origen social, estaba en Hungría. El 72% de los húngaros estuvo de acuerdo en que estaban mejor económicamente bajo el comunismo que después de 1990, y solo el 8% dijo lo contrario. Por tanto, no es de extrañar que a la mayoría del electorado húngaro no le pareciera escandaloso que Viktor Orban dijera que no había luchado contra la dictadura antes de 1989, sino sólo contra sus representantes. Se puede observar claramente un cambio de opinión política. En 1991, el 74% seguía siendo positivo sobre las medidas que se estaban tomando para lograr la democracia. En 2009, solo el 56% todavía lo creía. Las encuestas sobre las medidas necesarias para introducir una economía de mercado fueron favorables con un 80% en 1991, pero solo un 46% en 2009. Con la excepción de Ucrania, este último resultado fue el más bajo de la encuesta. (5)

Cuán subjetivas pueden ser estas opiniones se ilustra en las respuestas a la siguiente pregunta de la encuesta: ¿Es la situación económica actual mejor, peor o igual que bajo el comunismo? El 72% de los húngaros, el 62% de los ucranianos y búlgaros, el 45% de los eslovacos y el 39% de los polacos dijeron que era peor hoy. La pregunta de control sobre el nivel de vida proporcionó respuestas similares: utilizando una escala de bajo, medio y alto, el 32% de los húngaros dijo que su nivel de vida era bajo con una misma respuesta del 22% en Ucrania, 13% en Rusia, 19% en Lituania. , 9% en Eslovaquia, 7% en Polonia y 6% en la República Checa. En ambos casos, es poco creíble que los húngaros tengan un peor nivel de vida que los ucranianos o los rusos. (6)

Es revelador mirar las respuestas a la pregunta de qué es más importante: ¿una economía fuerte o una democracia que funcione bien? Las respuestas húngaras lo sitúan en el mismo campo que Rusia, Lituania y Ucrania, con un 73-78% respondiendo que la economía era más importante. Solo el 20% de los encuestados húngaros dijo que una democracia que funcione bien es importante.

Ver Cuadro 2 (7) y 3 (8)

Por tanto, no sorprende que las políticas autoritarias de Viktor Orban no fueran impopulares. De hecho, se podría decir que el éxito de FIDESZ estuvo estrechamente relacionado con el hecho de que fue el partido que mejor entendió cómo responder a las necesidades y expectativas reales de la gente. Así, la encuesta no solo explica por qué FIDESZ fue elegido con una gran mayoría en 2010, sino también por qué sigue siendo popular. No fue un accidente. Para la mayoría del electorado, las medidas ampliamente criticadas adoptadas por el gobierno (reducciones de precios de la energía, nacionalización de los fondos de pensiones, etc.) fueron muy bien recibidas, ya que prometían ganancias más rápidas. Solo unos pocos se preocuparon por la naturaleza anti-libre mercado de estas leyes. También hay una mayor tolerancia a la corrupción que en otros estados. No se debe olvidar que el gobierno, a pesar de su control de los medios de comunicación, no es capaz de determinar por sí solo los deseos del pueblo. Por el contrario, son los valores del electorado los que determinan a la élite política y sus políticas. Por lo tanto, los hallazgos de la encuesta antes citada son el resultado del adoctrinamiento político de los últimos años.

Cultura conmemorativa

Paralelamente a la ansiedad por la inseguridad económica, se atribuyó un significado fatal a la conmemoración de eventos pasados. Esta nueva conmemoración nacionalista tanto del estado como de la sociedad tiene múltiples facetas. (9) Naturalmente, los acontecimientos del siglo XX están en primer plano. Los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, incluida la parte de responsabilidad de Hungría, han cambiado durante los últimos 22 años, al igual que las actitudes hacia el Estado del Partido Comunista. (10)

También hay otro medio por el cual esta cultura conmemorativa puede ser observada tanto en la elección como en el contexto de sus símbolos y durante los últimos diez años podemos ver un aumento definitivo en su uso. Me gustaría ilustrar esto con tres ejemplos.

El pájaro turul

El Turul (un pájaro mítico como un águila) es un símbolo histórico húngaro y, al igual que el águila alemana, representa el poder militar y la disposición a morir por tu país. La mayoría de los monumentos de guerra anteriores a 1945 incorporaron este símbolo. Incluso hoy en día, las fuerzas armadas y los servicios de seguridad húngaros utilizan el pájaro Turul. En 2005, el distrito XII de Budapest conmemoró un nuevo monumento a los caídos que desde el principio había provocado un gran debate popular debido a la presencia del símbolo del pájaro Turul. El memorial fue para recordar a los residentes del distrito XII que murieron en la Segunda Guerra Mundial. El mensaje de este monumento tan conservador fue bastante claro: los muertos perdieron la vida al servicio del pueblo húngaro y de su país. Aunque esta interpretación nunca fue admitida abiertamente por el partido gobernante FIDESZ del distrito, el uso del pájaro Turul con un gran sable en el pico no dejó lugar a dudas. Anteriormente, el comité de planificación de la ciudad de Budapest había denegado el permiso para el diseño y la construcción del monumento. La razón aducida fue que el símbolo Turul había sido objeto de abusos frecuentes desde 1918. Es un hecho que casi todos los partidos nazis húngaros (¡hasta 1944 había alrededor de 50!) Habían utilizado el símbolo Turul y los peores ataques antisemitas de la entreguerras. período fueron llevados a cabo por una sociedad Turul. Por lo tanto, el monumento fue un problema importante y su apertura fue deliberadamente contraria a la legislación vigente. Pasaron seis años hasta que, de la manera más cuestionable, se le concedió la aprobación retroactiva.

Es probable que los líderes políticos del consejo local no apreciaran realmente la naturaleza del monumento. Una vez que se había erigido, no había vuelta atrás. Jobbik calificó a cualquiera que pidiera su destitución como traidor nacional. El ayuntamiento, controlado por los socialistas-liberales, votó a favor de su eliminación, pero esto inmediatamente lo convirtió en una cuestión política. FIDESZ ya no podía permanecer al margen sin perder la cara. No se atrevió a exponer la verdadera naturaleza de la situación. Jobbik organizó manifestaciones en el monumento para asegurar la atención popular.

El contexto del memorial es muy cuestionable. No solo porque uno podría preguntarse legítimamente si los que murieron en la Segunda Guerra Mundial realmente murieron por "su gente y su país". Es mucho peor. La mayoría de los residentes del distrito que murieron en la guerra eran civiles, que tuvieron la desgracia de nacer judíos. Fueron asesinados no por una potencia extranjera sino por miembros (fascistas) del Partido de la Cruz Flecha de Hungría. La mayoría de los nombres del monumento lo indican. Que se les recuerde con un símbolo militar como si hubieran dado libremente su vida por "la gente y el país" es espantoso.

Rayas Arpad

La bandera Arpad de rayas rojas y blancas es una de las banderas históricas de Hungría que se utilizó originalmente hasta finales del siglo XIV. Fue reintroducido después de 1938 con su adopción por el fascista Partido Arrow Cross. Simbolizaba el rechazo de la cultura occidental debido a todas las familias que gobernaron Hungría, solo los Arpad eran indígenas del país. La bandera de Arpad que fue declarada bandera nacional cuando el Partido Arrow Cross tomó el poder el 15 de octubre de 1944 fue para muchos un símbolo de terror.

Of all things it was this flag that was popular during the demonstrations in the autumn of 2006 against the left-liberal government of Prime Minister Ferenc Gyurcsany. FIDESZ took care to make no comment on the tastelessness of the use of this flag and after remaining silent on the subject for some time tried to curtail its use amongst its own supporters. It would, however, be wrong to assume that all those who supported the Arpad flag were politically from the far right. They could just as easily come from the anti capitalist and anti Western Europe factions: motives that in 1938 were decisive for Hungarian Nazis.

The Arpad stripes are often used with another symbol, namely the ‘Greater Hungary’ bumper sticker that can now be seen on a large number of Hungarian cars. Even leading FIDESZ politicians are making use of it. For the most part the red and white stripes inside an outline of greater Hungary form the background to the “H” denoting Hungary but they turn up as symbols on all kinds of objects.

Runic Writing

As in most parts of Europe, Hungary also had runic writing that was used less and less after the XII century and more or less vanished after the XVI century. It found limited use once again in the scout movement post 1920 as secret writing but it was almost totally unknown in the rest of society.

Since 2006, however, it has enjoyed a renaissance and runic road signs have appeared in most of the country. Alongside the town/village name, signs also have the same text in runic writing much in way as is done for minority languages. 99.9% of Hungarians are unable to read runes and, even if they could, these signs convey no extra information. Why then erect such signs especially as they are expensive?

This signage movement is not just the concern of a few cranks. Very often it is a decision made by local councils who have to find the necessary funding and there is no difference here between those controlled by FIDESZ and those by Jobbik. Recently it has not just been the case of runic road signs but I have also seen ‘bilingual’ notices at weekly markets. There are also restaurants where you can ask for a runic menu. You can just as easily ask the same question here as for the town signs as to what possible use this is.

A possible explanation for this phenomenon is an appalling mawkishness on the part of its supporters. In supporting runic writing they are articulating their anti modern views at the root of which is a failure to deal with twentieth century life. Their response is pathetic and of absolutely no use.

Turanism – the new ideology of the Far Right

In Hungarian history one of the most important parameters of national identity was to be found in the discussion as to east or west orientation. This was clearly seen in Turanism, a term first coined by linguist Friedrich Max Müller, who used it to refer to what he viewed as a third family of languages outside the Indo-European and Semitic groups. Although his definition was soon dismissed by other linguists, the term continued to be used in a geopolitical sense. Political Turanism implies an ethnic-cultural togetherness that sees the roots of Hungarian civilisation and culture as being in Asia.

Behind Turanism there is, alongside national delusions of grandeur, a long-standing tradition of repudiation of occidental Europe. Although all major Hungarian leaders have supported the orientation to the west, there has often been a questioning of this position. With the renewal of Hungarian nationalism at the beginning of the 20th century, the issue was once more on the agenda. The elites wanted to use their own definition of Hungary as a warrior nation. The claim of a number of linguists that there was a connection between Finnish and Hungarian was sharply rejected as the idea that their nation was related to the peaceful and rural Finns was regarded as an insult. The Hungarians’ view of themselves was dominated by the cliché of nomads riding fast horses, terrorising central Europe. Extreme Turanists claimed to be ‘related’ to the Turkic peoples, with Tibet and Japan and even with the Sumerians, while declaring that Jesus was not Jewish but Hungarian or a ‘prince of Parthia’.

The following example demonstrates just how current such views are in Hungary. Magyar Nemzet, the country’s second largest daily newspaper included no less than six questions on Turanism in its 2011 list of most popular themes with the top four being way ahead of the others. The titles of these four being: Do we need to be descended from the Sumerians? ‘From whom does Jesus descend?’ ‘Europe’s oldest civilisations come from Hungary’ ‘Magyars and Finnish-Ugric theory’. One has to realise that this newspaper was recommended by FIDESZ and regarded as ‘middle class conservative’.

Songwriters from the far right have ensured that this sort of thinking has been updated and disseminated. Their songs demonstrate the modern side of the new right and the use the latest methods to popularise extreme radical views. The rock group Hungarica demonstrates this in their song ‘ I am a Magyar’:

I am a Magyar, the proud descendent of bow bearing Scythians, Huns and Awaris. I know that in the ruins of Rome the barbarians massacred each other and the plague raged while we had already become God’s country. (11)
It is not worth denying that heathen hands were the ones that sprinkled water from Cologne on the dirt.
Nobody should tell me that my past is ‘fishy’
(12) while I take words from here and there.
What is important is the soul the Middle Ages were dark elsewhere for it was not us who sent Galileo to be burnt at the stake.

This text brings together classic elements of extreme right wing delusions of grandeur, hatred of Europe, arrogance and self-pity. These products of ‘national rock’ are not broadcast on state television and radio but the writers of such pro Turanist texts can be found in FIDESZ media, although one needs to be aware of levels of nuance. There is in radio and television as well as the press, a right wing conservative and a far right variation of the FIDESZ media. In the first group we can count Hir-TV, the newspaper Magyar Nemzet, the weekly Heti Valsz in the second group Echo-TV, the daily Magyar Hirlap and the weekly Demokrata.

The former group peddles a conservative message acceptable in a Christian democratic party while the second is intent on a very different public, sometimes using anti Semitic or racist slogans. It is quite possible that one would not be wrong to count many FIDESZ voters as sharing the same intellectual hinterland as Jobbik but with these slogans they can be kept in the party. Certainly those responsible for FIDESZ media are also hoping to win over some from the far right camp. Just how long this tactic remains viable for an electorate whose Christian conservatism must make them reject Turanism, anti Semitism and anti Christian propaganda is a central political question that goes on and on.

For historical reasons the free market economy is not popular in Hungary. Capitalism, liberalism and free enterprise have traditionally, for most of the population, been unhappy experiences or perceived as such. In the 19th century only two groups, the Jews and the German-Hungarians, managed to profit from the social and political changes. (13) The Hungarian elite consolidated its position in administration and the military but business was largely open to the aspiring. In the countryside it was the German Hungarians, the so called Swabians who were mostly responsible for the expansion of the middle class while in the towns, the Jews came to make up more of the bourgeoisie. We do not have to prove that this social situation was not the result of inherent ‘racial’ characteristics but rather the effect of policies devised by the elite, although we should not underestimate the cultural traditions of these groups.

While there was never any suggestion of a ‘Swabian question’ before the end of the First World War, there were, however, some signs of a Magyar aversion to prosperous, assimilated Jews. The Treaty of Trianon came at the same time as a turning of the tide: along with tremendous loss of territory and the geographical halving of the nation, it became clear that the talked about assimilation of Slavs and Romanians was a fiction. This realisation not only increased hatred against all foreign ethnic groups but also strengthened the tendency to put the blame on those regarded as superficially assimilated.

Above and beyond this, the Treaty of Trianon resulted in consequences that are still visible today. The victors in the First World War brought a new quality to the history of peace making. They did not just satisfy themselves with calling on their rights as the strongest powers. Their aim was to create an ‘objective’ freedom based on equality, freedom and independence. It is well known that behind these ambitious promises lay rather more political considerations. The small mindedness and bigotry of the peace treaty not only discredited the peace-makers but also their ideology. Post 1920, liberalism and the free enterprise became terms of abuse, including in Hungary. This historical burden was, post 1920, 1945 and again in 1990, only carried by those who lost the First World War. For Western Germany and Austria, the burden was, for various reasons, less heavy. From tradition and history both countries had a closer relationship to capitalism than Hungary and were lucky not to have to endure a Communist dictatorship. The question of German minorities in Eastern Europe post 1945 was brutally but definitively resolved as Germany, with its well functioning market economy, was able to absorb millions of displaced persons in an exemplary fashion.

In Hungary, however, this historical process took a different course. After 1920 the non-Jewish intelligentsia believed that Hungary’s biggest problem was not enough ‘Hungary’. Between 1920 and 1941, there were no less than 50 political parties formed that used either ‘fascist’ or ‘national socialist’ in their names. Post 1945 and 1990 the Hungarians were of the opinion that their minority problems had not been solved. The policies of neighbouring states are today targeted at assimilation and homogenisation. Trianon has therefore become not just a trigger for a collective neurosis but also a collective trauma for many Hungarians.

When examining how European states have dealt with their history (be it National Socialism or Communism) and experienced at least one period of dictatorship, one can discern four groups. 1. France and the Benelux had to deal with a foreign dictatorship for which they have had 75 years available. Spain and Portugal also belong in this group but their dictatorships were home grown. 2. Germany, Austria and Italy had to deal with their own dictatorships but the task were made easier first with a mixture of historical lies and then a long painful and finally successful rehabilitation lasting decades. 3. Poland, Romania, the Czech Republic and Slovakia were all on the winning side in both world wars but had subsequently to deal with two periods of dictatorship, only one of which was their own responsibility and even that only possible because of the control exercised by the Soviet Union. They were only free to begin this rehabilitation process after 1990, which put them at a disadvantage compared to the countries in the first two groups. Hungary is alone in the fourth group as it was a losing state that had to deal with two dictatorships. Its position is most closely comparable to Serbia that even though it emerged from both world wars on the winning side experienced a similar catastrophic loss power post 1990 as Hungary did in 1920. A comparison with the GDR immediately demonstrates why they were able to deal with their past in a different way. Post 1990, it was not the GDR intellectuals but the West German intellectuals who led the process of coming to terms with the past. In addition, for a number of reasons there was never any question of refusing to accept responsibility for the Nazi past. This is in contrast to Hungary where there is a readiness to dismiss responsibility for their extreme right past, as was previously done in Austria. These facts partly explain why, when dealing with history, Hungarians, even today, react in an atavistic manner.

The transition to a free market economy post 1990 proved to be an extremely difficult process. Hungary appeared to be to the forefront but the speed of modernisation was too fast and real and imaginary threats alienated large parts of the population from the capitalist system. Just where all this will lead in the future is currently hard to evaluate.

As in Poland some years ago, there is little hope of a renaissance in social democracy in Hungary in the near future. The former national party has no chance of returning to power and in contrast to Poland, neither have the liberal and European orientated parties. They are no longer even represented in parliament. For the time being, FIDESZ appears to be able to keep comfortable control of the far right Jobbik in parliament but that does not hide the fact that ideologically there are no clear boundaries between the two. FIDESZ’s intentionally ambiguous policies are responsible for this. Orban has nothing to say as to how voters, socialised by such life threatening ideology, can be persuaded to reject this attitude and learn to deal with future conflicts in a democratic manner. The genie is out of the bottle.


Hungary Economy - History

The Magyars were one of those martial peoples who marched out of Central Asia into the pages of European history. Actually they mainly rode in from the far east of Europe, just west of the Urals. That migration occurred just about 900 A.D. when they conquered the plains of what is now Hungary and Transylvania. They were seven tribes under the leadership of Árpád. It was not just a blatant invasion. The Holy Roman emperor Arnulf asked the Magyars to help subdue the the Moravians.

Long before the migration/invasion of the Magyars the territory had been occupied by Celts and Illyrians and later made part of the Roman Empire. It was a fertile territory on the margin of the Germanic territories so it was subject to attempted conquest by Germanic peoples. But another Asian nomadic tribe, the Avars, conquered the Hungarian plain and held it for two centuries, from 600 to 800 A.D. It was the Germanic Charlemagne who finally took control from the Avars.

When the Magyars settled in the Hungarian plain they raided far and wide in Europe for about sixty years until finally defeated by the German king Otto I. The Magyars accepted Christianity in the late tenth century and led a more subdued existence thereafter. The cost of the Magyar raids to Europe were offset by the benefit that Europe gained from having a martial people as a buffer against the invasions of other martial peoples from Asia. The Mongols spent some of their fury on the Hungarians, saving western European territories from the full brunt of their onslaught in the 13th century. When the Turks came knocking on Europe's door in the 15th century it was the Hungarians who again slowed the invasion. The Hungarians were not victorious against the Turks but they did limit the Ottoman advance.

Hungary in Medieval Times

After the Turkish invasion of the Hungarian plain the Hungarians lost control of their destiny until about 1990. First Hungary was divided between the Ottomans and the Hapsburghs. Once the Turks were driven out, Hungary remained under the control of Austria. World War I brought political independence from Austria, but the ties were still strong enough to bring Hungary into the Axis coalition. The defeat of Germany in World War II only transferred control to the Soviet Union. Hungary remained a conquered territory until the fall of Communism and the collapse of the Soviet Union.

Hungary Under the Soviet System

Hungary was an ally of Nazi Germany in World War II. With the collapse of the Axis Powers Hungary came under the occupation of Soviet troops. Stalin was not about to let Hungary emerge from occupation as anything other than a puppet Communist state, a satellite of the Soviet Union. Stalin permitted a period of transition from 1945 to 1947 in which Communist-dominated coalition governments ruled, but in 1948-1949 the Hungarian Worker's Party, the Communist Party in Hungary, became the sole political organization running the country. A constitution in 1949 gave the Hungarian Workers' Party an exclusive monopoly on political power.

During the period 1949 to 1953 a Stalinist system, political and economic, was put into place. In 1953 Imre Nagy was made prime minister and he announces intention of moving the country in a new direction, called the New Course. In 1955 Nagy was removed from power.

During the following two years after Nagy's removal there were growing dissension and protest. In October of 1956 the Hungarian Revolution breaks out. The revolution is initially successful and Imre Nagy assumes leadership, but the Soviets send in troops to suppress the rebellion and install János Kádár as prime minister. Imre Nagy, after being promised safe passage, is taken prisoner and executed. The Hungarian Workers' Party is renamed the Hungarian Socialist Workers' Party

After 1956, following the suppression of the Hungarian Revolution, there is severe repression of the Hungarians but this gradually gives way by 1966 to attempts at economic reform. Over the period from 1968 to 1972 a system of reform, called the New Economic Mechanism, is implemented. The is the beginning of what is sometimes called Goulash Communism .

Goulash Communism

Goulash is a delcious Hungarian beef stew made with vegetables and lots of paprika. The word has come to stand for a mixture of things . In Hungary Goulash Communism came to represent an attempt to introduce market economy elements without acknowledging that there had been any deviation from a socialist economy. The Hungarian Communist leadership recognized that any ideological dissent with the Soviet system would be put down brutally but quiet reforms would be allowed.

The increase in petroleum prices in 1973 brought a financial crisis to many place in the world and Hungary was one of them. The limited export earnings of Hungary could not pay for the higher cost of petroleum and the government leadership was forced to borrow. As the foreign debt piled up the government looked for ways to encourage more exports. Thus an economic restructuring was forced upon Hungary. Additional financial crises arose in 1979 with the rise in oil prices following the Irnina Revolution. Furthermore the political instabilities in Eastern Europe were resulting in reduced funds available from Western banks. All of this added up to a more desperate search for solutions to Hungary's financial problems. In 1982 Hungary joined the International Monetary Fund. This provided some security against balance of payments catastrophes but at the cost of complying with the IMF's economic programs.

In the 1980's the standard of living in Hungary deteriorated. Many Hungarians were working two jobs to make ends meet. By 1989 the proportion of Hungarians living below the poverty level was estimated to be between 25 and 40 percent.

In February of 1989 a new constitution was drafted which eliminated the special status of the Hungarian Socialist Workers Party. Independent political parties and labor unions were permitted. It was the end of the Stalinist political and economic system. The Communist leaders themselves called for a three-year transition to a mixed economic system. Democratic organizations debated on how many of the state enterprises were to be privatized.


Automobile Production

Hungary is one of the most preferred destinations of foreign investors in the automotive industry. The automobile companies their plants in the country include Mercedes-Benz, Suzuki, Audi, and General Motors. Audi, Suzuki, and Opel account for about 17% of the total Hungarian export. The automobile industry in Hungary employs about 100,000 people in the over 350 car component manufacturing companies. The Audi engine manufacturing plant in Gyor is the largest in Europe and the third-largest in the world, investing over 3,300 million pounds in the plant. The Daimler-Benz has created over 2,500 jobs at their new plant in Kecskemet which has a capacity to produce 100,000 Mercedes-Benz compact cars annually. The Opel plant in Szentgotthard currently produces over 500,000 engines and cylinder heads annually.


Brief History of Hungary

It was founded in 895 and became a Christian kingdom in 1000 by the crowning of St. Stephan, recognized by the pope.

Medieval HungaryOne of the biggest challenges of Stephan and his descendants was the stabilization of Christianity and to Europeanize the previously nomadic Hungarian people. During the Arpad and from 1301, the Anjou dynasties medieval Hungary was flourishing (except for the devastating two years of the Mongol invasion). Mathias Corvinus made Hungary a Central European renaissance cultural hub, an idol for other countries. But besides all the development and blaze, a new power was threatening Europe from the Balkan, the Ottoman Turkish Empire, against which Hungary served as a bulwark for the continent.

The Turkish occupationAfter the death of Mathias, royal power weakened and eventually in 1526 the country could not resist Turkish attacks anymore and the country fell into 3 parts – the area of Ottoman occupation, Transylvania, and the considerably smaller Kingdom of Hungary. For more than 150 years Turks continued their expansion through numerous battles. Royal Hungary became part of the Habsburg Empire, while Transylvania operated as an independent entity. At the beginning of the 18th century finally Habsburgs were ready to strike back with Hungarians to reunite the country and push Turks back to the Balkan. In 1718 finally Hungary became reunited within the Habsburg Empire.

The HabsburgsIn the 18th century Hungary was desperate to recover from Turkish devastation. Habsburgs repopulated the uninhabited areas of the country with Romanians and Slovaks, artificially creating large blocks of minorities. The advancing theories of nationalism and liberalism reached Hungary in the early 19th century and the Habsburg rule became disagreeable. The development of civil society led to the 1848-49 revolution and uprising against Habsburgs, that broke out in today’s Budapest, the 15th of March 1848.

The Austro-Hungarian empireThe revolution didn’t provoke positive results and Austria imposed strict and oppressing regulations towards the country. Later on they realized that they can only cooperate with Hungarians if they give them some sort of autonomy. This consolidation process led to the Austro-Hungarian compromise of 1867, creating the new leading power of central Europe, the Austro-Hungarian Empire. This pact was really favorable for Hungarians and Hungarian economy started to boost and till the early 1900s Hungarian GDP grew at a very fast pace. The country became a semi-developed agro-industrial economy, and Budapest emerged to the leading European metropolises with a brand new, unique cityscape and novelties such as the first underground on the continent.

The world warsBut after the flourishing years of the Austro-Hungarian Empire, the 20th century brought much harder times to Hungary. As a part of the empire during World War I. Hungary didn’t have a choice and had to fight by the Germans that has led to the collapse of the Austro-Hungarian Empire and the national tragedy of the 1920 Trianon Treaty in which Hungary lost 72% of its territory and 3,5 million ethnic Hungarians were closed out by the new borders, mostly to Czechoslovakia, Romania and Yugoslavia. This treaty had a shocking effect on Hungarian society that desperately tried to regain its territories (or at least those inhabited by Hungarians). For this reason Hungary took the Nazis’ part during World War II and gained back most of its territories where Hungarians were in majority. The situation seemed relatively good as the country didn’t suffer that much till 1944. But in the last year of the war the country became a battlefield and Nazis started to deport the Hungarian Jewish community, concentrated mostly in Budapest. From 1944 400 thousand Hungarian Jews were deported to Auschwitz. Later it became clear that Germany will lose the war. Hungary tried to avoid the situation and switch to the other side, but it didn’t manage to do so and lost the war with the Germans. Finally Hungary fell under Soviet, Communist rule as well as most of Central and Eastern Europe.

The communist eraFrom then on Hungarians had to suffer under a communist dictatorship. The economy collapsed during the 1950s and the standard of living was falling dramatically. Social dissatisfaction led to an uprising and an announced withdrawal from the Warsaw Pact in October 1956. This attempt met a massive military intervention by Moscow. Later on, under the leadership of Janos Kadar a slow consolidation started. In 1968, Hungary began liberalizing its economy, introducing the so-called "Goulash Communism." The standard of living started to rise, travel restrictions became less strict and Hungary became an idol and a prosperous nation within the Eastern bloc.

The system changeAt the end of the 1980s changes accelerated. Kádár retired in 1987, in 1988 the communist party abolished all travel restrictions to the West and in 1989 they authorized a multi party system. In May, 1989 Hungary tore down the barbed wire fence towards Austria and opened up its borders. This was the first tear on the iron curtain, where East-German citizens were allowed to quit the Eastern Bloc freely. On the 23rd of October, 1989 the Hungarian Republic was proclaimed and in March 1990 the first democratic, general elections were held. At last Hungary became a free, democratic, European republic. In 1999 it joined NATO and from 2004 it is a member of the EU.


Hungary Economy - History

Hungary is an OECD high-income mixed economy with very high human development index and skilled labour force with the16th lowest income inequality in the world, furthermore it is the 15th most complex economy according to the Economic Complexity Index. The Hungarian is the 57th-largest economy in the world (out of 188 countries measured by IMF) with $265.037 billion output, and ranks 49th in the world in terms of GDP per capita measured by purchasing power parity. Hungary is an export-oriented market economy with a heavy emphasis on foreign trade, thus the country is the 36th largest export economy in the world. The country has more than $100 billion export in 2015 with high, $9.003 billion trade surplus, of which 79% went to the EU and 21% was extra-EU trade. Hungary has a more than 80% privately owned economy with 39,1% overall taxation, which provides the basis for the country's welfare economy. On the expenditure side, household consumption is the main component of GDP and accounts for 50 percent of its total use, followed by gross fixed capital formation with 22 percent and government expenditure with 20 percent.

Hungary continues to be one of the leading nations for attracting foreign direct investment in Central and Eastern Europe, the inward FDI in the country was $119.8 billion in 2015, while Hungary invest more than $50 billion abroad. As of 2015, the key trading partners of Hungary were Germany, Austria, Romania, Slovakia, France, Italy, Poland and Czech Republic. Major industries include food processing, pharmaceuticals, motor vehicles, information technology, chemicals, metallurgy, machinery, electrical goods, and tourism (in 2014 Hungary welcomed 12.1 million international tourists). Hungary is the largest electronics producer in Central and Eastern Europe. Electronics manufacturing and research are among the main drivers of innovation and economic growth in the country. In the past 20 years Hungary has also grown into a major center for mobile technology, information security, and related hardware research.

On national level, Budapest is the primate city of Hungary regarding business and economy, accounting for 39% of the national income, the city has a gross metropolitan product more than $100 billion in 2015, making it one of the largest regional economy in the European Union. Budapest is also among the Top100 GDP performing cities in the world.


Gender Roles and Statuses

Division of Labor by Gender. Men are expected to work, earn, and provide for their families, while women are expected to take care of the children and the domestic chores. These ideal roles are rarely achieved today. In the last couple of generations, the rate of divorce and remarriage has increased dramatically. Since the change of regime (in 1989), cohabitation of unmarried couples and the number of children born outside of marriage have grown. These patterns are more common among those with less formal education, money, and social prestige.

Most Hungarian men do not help with the housework, and few women object to this arrangement. Only among a small percentage of young, mostly urban couples and an even smaller segment of middle-aged intellectuals and professionals is there evidence of a changing pattern in the gendered division of labor in the domestic sphere.

The Relative Status of Women and Men. The images of the mother and motherland are expressed in the national literature and culture. Since the early nineteenth century, the centrality of the mother-son relationship has been idealized in literature and the public consciousness. The mother is often hailed as the core of the national identity, the guardian and cultivator of a "real" culture that is untouched by foreign influences.


Hungary Economy - History

Hungary has made the transition from a centrally planned to a market economy, with a per capita income nearly two-thirds that of the EU-25 average. The private sector accounts for more than 80% of GDP. Foreign ownership of and investment in Hungarian firms are widespread, with cumulative foreign direct investment totaling more than $60 billion since 1989. Hungary issues investment-grade sovereign debt. International observers, however, have expressed concerns over Hungary's fiscal and current account deficits. In 2007, Hungary eliminated a trade deficit that had persisted for several years. Inflation declined from 14% in 1998 to a low of 3.7% in 2006, but jumped to 7.8% in 2007. Unemployment has persisted above 6%. Hungary's labor force participation rate of 57% is one of the lowest in the Organization for Economic Cooperation and Development (OECD). Germany is by far Hungary's largest economic partner. Policy challenges include cutting the public sector deficit to 4% of GDP by 2008, from about 6% in 2007. The government's austerity program of tax hikes and subsidy cuts has reduced Hungary's large budget deficit, but the reforms have dampened domestic consumption, slowing GDP growth to about 2% in 2007. The government will need to pass additional reforms to ensure the long-term stability of public finances. The government plans to eventually lower its public sector deficit to below 3% of GDP to adopt the euro.


Hungary Economy - History

Economy - overview:
Hungary has transitioned from a centrally planned to a market-driven economy with a per capita income approximately two thirds of the EU-28 average however, in recent years the government has become more involved in managing the economy. Budapest has implemented unorthodox economic policies to boost household consumption and has relied on EU-funded development projects to generate growth.

Following the fall of communism in 1990, Hungary experienced a drop-off in exports and financial assistance from the former Soviet Union. Hungary embarked on a series of economic reforms, including privatization of state-owned enterprises and reduction of social spending programs, to shift from a centrally planned to a market-driven economy, and to reorient its economy towards trade with the West. These efforts helped to spur growth, attract investment, and reduce Hungary’s debt burden and fiscal deficits. Despite these reforms, living conditions for the average Hungarian initially deteriorated as inflation increased and unemployment reached double digits. Conditions slowly improved over the 1990s as the reforms came to fruition and export growth accelerated. Economic policies instituted during that decade helped position Hungary to join the European Union in 2004. Hungary has not yet joined the euro-zone. Hungary suffered a historic economic contraction as a result of the global economic slowdown in 2008-09 as export demand and domestic consumption dropped, prompting it to take an IMF-EU financial assistance package.

Since 2010, the government has backpedaled on many economic reforms and taken a more populist approach towards economic management. The government has favored national industries and government-linked businesses through legislation, regulation, and public procurements. In 2011 and 2014, Hungary nationalized private pension funds, which squeezed financial service providers out of the system, but also helped Hungary curb its public debt and lower its budget deficit to below 3% of GDP, as subsequent pension contributions have been channeled into the state-managed pension fund. Hungary’s public debt (at 74.5% of GDP) is still high compared to EU peers in Central Europe. Real GDP growth has been robust in the past few years due to increased EU funding, higher EU demand for Hungarian exports, and a rebound in domestic household consumption. To further boost household consumption ahead of the 2018 election, the government embarked on a six-year phased increase to minimum wages and public sector salaries, decreased taxes on foodstuffs and services, cut the personal income tax from 16% to 15%, and implemented a uniform 9% business tax for small and medium-sized enterprises and large companies. Real GDP growth slowed in 2016 due to a cyclical decrease in EU funding, but increased to 3.8% in 2017 as the government pre-financed EU funded projects ahead of the 2018 election.

Systemic economic challenges include pervasive corruption, labor shortages driven by demographic declines and migration, widespread poverty in rural areas, vulnerabilities to changes in demand for exports, and a heavy reliance on Russian energy imports.

Agriculture - products:
wheat, corn, sunflower seed, potatoes, sugar beets pigs, cattle, poultry, dairy products

Industrias:
mining, metallurgy, construction materials, processed foods, textiles, chemicals (especially pharmaceuticals), motor vehicles


Ver el vídeo: Του Νερού Τα Παραμύθια Ουγγαρία μέρος Α 5-11-2017 (Mayo 2022).